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“La transformación cultural que estamos impulsando no se hace en despachos, sino en el día a día”

Lucía Pericacho, responsable de la Red de Ciudadanía Activa y Vida Independiente de Confederación ASPACE.

Desde hace años, en el Movimiento ASPACE apostamos por una transformación profunda del papel que juegan nuestras entidades: queremos pasar de ser proveedores de servicios a convertirnos en espacios de participación real, donde las personas con parálisis cerebral —también aquellas con grandes necesidades de apoyo— decidan sobre su propia vida y contribuyan activamente a su comunidad.

Este cambio de mirada se fundamenta en el enfoque social de derechos, que pone a la persona en el centro y reconoce su capacidad de decisión más allá del grado de autonomía que tenga. Como responsable de la Red de Ciudadanía Activa y Vida Independiente de Confederación ASPACE, impulso cada día iniciativas con este objetivo: transformar estructuras, lógicas y prácticas para garantizar la participación de todas las personas.

Para ello trabajamos con tres grandes pilares: 

Primero. La transformación del rol nuestras entidades en línea con la estrategia de cuidados y el enfoque social de derechos. 

Segundo. El empoderamiento de las propias personas con parálisis cerebral. Fortalecemos las habilidades socioemocionales para promover la gestión emocional y la escucha activa. Se trata de escuchar a las personas y acompañarlas en la toma de decisiones sobre su propia vida.

Tercero. La participación como un proceso real en esa toma de decisiones, de incidencia, de autorrepresentación.  

A través de formaciones y grupos de acompañamiento, se construyen procesos participativos desde dentro de las propias entidades donde las personas con parálisis cerebral lideran acciones, talleres, encuentros y grupos de trabajo, como ocurre en nuestra Red de Ciudadanía Activa.

Esto no significa la desaparición de las entidades y profesionales, sino cambiar el rol de gestores expertos a intermediarios de procesos que acompañan, apoyan y ponen en marcha mecanismos de participación como comités o asambleas, participación en órganos de gobierno de las entidades o en distintos procedimientos de los centros. Todo ello dotándoles de habilidades que les permitan tomar esas decisiones y participar. 

En este camino, surgen también emociones intensas. Muchas personas se sienten motivadas y reconocidas, pero también inseguras, porque nunca antes se les había ofrecido esta posibilidad. Por eso, hablamos de empoderamiento progresivo: acompañar respetando tiempos, deseos y decisiones.

Transformar no es solo redactar planes o cambiar edificios. Es repensar cómo escuchamos, cómo preguntamos, cómo planificamos los apoyos y cómo respetamos los ritmos de cada persona. Esta transformación no se hace en despachos, sino en cada gesto cotidiano del día a día.

Las entidades implicadas están desarrollando planes de mejora basados en el enfoque social de derechos y en la estrategia, con indicadores y resultados de empoderamiento en vez de los indicadores tradicionales.

Esta transformación es posible si reforzamos la visión de que las personas no son receptores pasivos, sino motores del cambio. Como sostiene la Estrategia Nacional de Cuidados y el enfoque social de derechos: no asistimos, co-creamos y acompañamos.

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